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Mi hijo no es un Nenuco

Es muy fácil ser padre/madre cuando tienes un niño Nenuco, ésos que comen cada tres horas, que duermen del tirón desde los cinco meses, que cuando están despiertos se quedan tranquilos en la hamaca o en el parque cuna. Ésos a los que puedes dejar con cualquier persona con una sonrisa en la boca… Sí, es muy sencillo. Lo complicado es que te ocurra lo contrario. Por eso, desde aquí, mi aplauso y reconocimiento a esos padres y madres  que no saben lo que es dormir 6 horas seguidas durante meses e, incluso, años; a los que tienen niños que no dejan pasar más de 2 horas entre toma y toma, que utilizan la teta para todo y en todo momento. A esos padres y madres que no saben lo que es salir a tomar algo sin que uno de los dos tenga que estar de pie con el bebé mientras suplica en silencio que su pareja acabe ya para poder irse de la cafetería. A los que han perdido su vida social. A los que tienen hijos de alta demanda. A los que acompañan una rabieta tras otra ante las miradas críticas del entorno. A los que van agotados y, aún así, se esfuerzan por darles a sus hijos el cariño y la comprensión que necesitan. A aquellos que no tienen más ayuda que la de su propia pareja. A aquellos que han tenido que decir “hasta luego” a las cenas románticas, los cines y las duchas tranquilas.

Para todos ellos. Para los padres de esos niños, mi aplauso y reconocimiento.

Nadie nos habló de esto. Nadie nos avisó.

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El embarazo con un niño de alta demanda

Lo sé. Hace mucho tiempo que no escribo y debería “obligarme” más a ello, porque me sirve de terapia, siento que lo necesito y me ayuda, por lo menos, a desahogarme, a ver las cosas con perspectiva, a analizar y ver con algo más de claridad.

Ya he cumplido la mitad del embarazo y se me ha pasado en un abrir y cerrar de ojos. Si no llega a ser por las molestias del primer trimestre y un leve sangrado en la semana 19, casi ni hubiera reparado en que hay un ser creciendo dentro de mí.

Es increíble, hay una diferencia abismal entre el segundo y este cuarto embarazo (son los dos ‘a término’, pues he tenido otros dos abortos espontáneos y no me gusta mucho calificar a éste como el segundo, porque sería como negar la existencia de otros dos hijos que ya no están). En fin, que no tienen nada que ver. En el de mi hijo recuerdo hacer larguísimas siestas, estar tirada en el sofá descansando todo lo que podía, leyendo revistas, libros, foros…, pensando en cómo sería, diseñando su habitación, escuchando los latidos con el duppler en casa… ¿Y ahora? Me olvido de que estoy embarazada. A veces he llegado a pensar que las náuseas, la ciática, el sangrado y demás molestias son una clara llamada de atención, un: ¡oye, que estoy aquí, hazme caso! Seguir leyendo “El embarazo con un niño de alta demanda”

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En mi otra vida tuve que ser muy mala persona

baby-215867_1280Sí, eso es lo que creo, tuve que ser una persona horrible para vivir lo que vivo,  porque no me parece normal lo que me pasa. La gota que colmó el vaso la puso ayer uno de mis vecinos. Sin temor a equivocarme, puedo afirmar y afirmo, que mi vecino es ¡gilipollas!

Sabes que, desde que me quedé embarazada, duermo en otra habitación para reducir las tomas de pecho y poder descansar un poco más, dado que estoy de reposo hasta las 12 semanas. Pues bien, en este tiempo, mi marido es el que se ha encargado de llevar a la cama al niño y se las ha tenido que ingeniar de mil maneras para dormirlo sin pecho. En los último días, a mi hijo le está costando más eso de irse a dormir, y lleva varios días acostándose a las 3 de la mañana. Mi marido se levanta a las 6, así que ya te puedes imaginar cómo está.

Antes de ayer tuvimos una noche movida. El niño se enfadó y tuvo la rabieta del siglo. Gritos, patadas, manotazos, llanto descontrolado… Era un auténtico caos. Mi marido, que por regla general es una balsa de aceite, perdió los nervios y le gritó (normal, la falta de sueño te hace más irascible). Estuvo con la rabieta bastante tiempo, hasta que al final conseguimos calmarlo.

Al día siguiente estábamos fatal. Cansados, con los nervios a flor de piel y yo con  sensación de culpa por hacerlo todo mal. Con tanta impotencia por esforzarme por hacer lo mejor para mi hijo y no recibir ningún tipo de ayuda…  Seguir leyendo “En mi otra vida tuve que ser muy mala persona”

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Depresión postparto: Ahora mi vida es otra

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Por fin, por fin puedo decirlo: estoy en paz. Han sido 24 meses caóticos, 24 meses atrapada en una montaña rusa, sin ningún tipo de control sobre lo que pasaba, sobre mis sentimientos y pensamientos, sobre mi vida ni sobre mí. Ha sido duro. Muy duro. He llorado lo que no está escrito, me he sentido sola, asustada, abandonada, ninguneada, vejada, histérica, a punto de mandarlo todo a tomar por saco. He tenido ganas de tirar la toalla, de acabar con todo. Mi matrimonio estuvo a punto de hacer aguas y yo al borde de la locura y la tristeza más extrema, pero ya todo pasó. Por fin, la calma y la alegría han regresado a mi vida, por fin, la serenidad y la cordura hacen acto de presencia, por fin vuelvo a ser feliz.

Han sido necesarias muchas lecturas y muchas sesiones de autoayuda para darme cuenta de que estaba pasando por una depresión. No he ido a ningún médico, ¿para qué? En mi caso sé que no me habrían ayudado nada. Ya tuve que ser medicada por ansiedad y trastornos alimenticios hace unos años, pero la cosa se quedó ahí, en el consumo de unas pastillas que tapaban el verdadero problema psíquico y emocional que padecía. He tenido que luchar contra todo y contra todos, he caído y he tenido que levantarme por mi propio pie. Unas veces con la ayuda de mi pareja, pero hubo un día en el que me di cuenta de que ella también me hacía caer. Y no sólo me hacía caer, sino que me veía en el suelo y giraba la cabeza.

Ha habido momentos de inflexión. Uno de ellos fue hace unas semanas. Tuve dos crisis de ansiedad. Ahí me di por vencida. No podía más y mi pareja me dio la estocada mortal. Se me cayó el mundo al suelo. No podía con las críticas del exterior, no podía con mis propias exigencias, no podía con la dependencia de mi bebé y no podía continuar si mi propia pareja se volvía fría y distante. Fue una noche horrible. Una noche de llanto inconsolable, en la que mi hijo no entendía por qué me escondía en una habitación y le negaba mi pecho, ése al que estuvo pegado cada 15 minutos los tres días anteriores. No entendía por qué no iba a dormir con él como cada noche. No entendía por qué lo abandonaba. Y llanto desolador el que salía de mi cuerpo, de mis entrañas, por sufrir esta crisis brutal de lactancia, por no querer experimentar la agitación que recorría mi cuerpo, porque necesitaba un descanso, un break, un respiro para volver a ser yo… Y porque no podía entender por qué él, al que tanto quiero, se mostraba tan frío viendo la escena. Por qué no me consolaba, por qué no me abrazaba, ¡por qué no hacía nada! Seguir leyendo “Depresión postparto: Ahora mi vida es otra”

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Carta de un bebé a su mamá

baby-443388_1920Mamá, escúchame.

¿Recuerdas la ilusión con la que decidiste tenerme? ¿Recuerdas todos esos momentos que pasabas tumbada poniendo tu mano sobre la tripa, notando mis movimientos, imaginando cómo sería mi cara? ¿Recuerdas la sonrisa que se te dibujaba en el rostro cada vez que te imaginabas cogiéndome en brazos, acariciándome…? Mamá, ¿te acuerdas de lo que sentiste la primera vez que me tomaste en brazos? ¿Recuerdas el sentimiento de felicidad que te invadió cuando llegué al mundo, me acunaste y te miré? ¿Te acuerdas de esas lágrimas de amor?

¿Qué ha pasado, mamá? De repente me encuentro sola en esta cuna, en un capazo, en una hamaca…, ¿por qué me dejas aquí? Me encanta tenerte cerca, sentir los latidos de tu corazón, que me mezcas con tus brazos y dormirme en la mejor de las almohadas: tu cuerpo. Me encanta tu olor, mamá, me encanta sentir tu respiración. Me hacen sentirme protegida y amada. Pero ahora parece que te has olvidado.

Vienes de vez en cuando a verme, meces la cuna, pero yo te necesito a ti. Necesito tus abrazos y tu calor. Seguir leyendo “Carta de un bebé a su mamá”

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Lactancia: “A partir del año, tu leche es agua” ¡Y dos huevos duros!

act-841500_1920“A partir del año tu leche es agua”, “De ahí ya no sale nada”, “Tu leche ya no le alimenta”. En esta Semana Mundial de la Lactancia Materna, me siento en la obligación de contar todas las piedras que me he ido encontrando en el camino a la hora de poder tener una lactancia satisfactoria.

Hace casi 2 años que doy teta. Desde que me quedé embarazada tuve que escuchar miles de historias sobre partos horrorosos y, cómo no, sobre lactancias fracasadas. “Poder dar el pecho es una lotería”, “¿Vas a dar el pecho? Bueno, si puedes, porque no todas las mujeres tienen leche“, “Yo di 15 días porque mi leche no le alimentaba, se quedaba con hambre“. Historias para no dormir que lo único que hacían era meterme miedo en el cuerpo. Gracias a Dios, a la Virgen y a todos los astros del Universo, cayó en mis manos el libro de Carlos González “Un regalo para toda la vida” que me ayudó a creer en mí, en mi hijo y en la sabiduría de la naturaleza.

Una vez nacido y establecida la lactancia (tras muchas semanas sin buena colocación y consiguiente dolor en los pezones, comentarios “bienintencionados” de gente que no había tenido una lactancia duradera sobre mi cantidad y calidad de la leche, sobre el tiempo que se pegaba mamando, pediatras que me recomendaban comprar leche de fórmula “por si acaso” o que limitara las tomas, entre otras absurdeces) nadie, y repito, nadie, se dignó nunca a decirme “oye, qué bien, veo que has conseguido dar el pecho como querías, y al niño se le ve fuerte, tu leche tiene calidad”. No, nadie está dispuesto a dar su brazo a torcer. Habrá sido que tuve suerte… Ejem.
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Los terribles 2 años y la madre que lo parió

Aún no ha cumplido los dos años (le quedan unas semanas) y ya estoy hasta el moño de los terribles dos. De los berrinches a cada momento, de los pataleos, de los gritos, de los llantos sin saber por qué. Y da igual el sitio: el súper, la calle, una tienda, durante una visita a la casa de alguien. ¡Quiero echarme a dormir y que al despertar tenga 5 años, por Dios!

Qué simpáticas las madres que escriben post y hacen vídeos dando consejos sobre cómo afrontar esta etapa. Calma, respiración, meditación… Enga, que pongan un vídeo real de sus hijos en plena rabieta para ver cómo lo gestionan. Menos palabras y más vídeos prácticos de verdad, a lo hermano mayor pero en pequeño. ¡Estoy que me subo por las paredes y me tiro de los pelos!

¡Una solución quiero!

#TheHorror