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8 semanas de embarazo

Se han cumplido 8 semanas de embarazo, ya he visto el embrión y hemos escuchado el latido. También me han hecho los análisis para la ecografía de las 12 semanas. He comunicado la buena nueva a mucha gente (mucha más que en los anteriores embarazos), incluso, en el trabajo. Y, aunque ilusionada, no puedo evitar preguntarme en ocasiones si hemos hecho bien.

Mi hijo es aún un bebé. Estamos inmersos de lleno en los terribles 2 años. Eliminando teta (cuesta, cuesta mucho), intentando descansar más por las noches, aunque continúa con múltiples despertares y yo, encima, teniendo que hacer un reposo casi imposible.

Este embarazo lo estoy llevando mucho peor que el de mi hijo. Tengo dolores de cabeza a diario, que no desaparecen por mucho Paracetamol que tome. Tengo náuseas, cansancio…, vamos, que estoy como un trapo. Las atenciones constantes que me exige mi niño, sus llantos y rabietas no ayudan nada a que la situación mejore. Ahora mismo estoy sobrepasada. Necesito ayuda, una persona que venga a casa, que juegue con él o se lo lleve un rato al parque… Por mi zona no existen guarderías, ludotecas ni Escuelas Infantiles. Me siento muy muy sola.

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Aumentando la familia

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Marcisim. Pixabay

Sabía que iba a llegar pronto, pero no me esperaba que tan rápido. Ahora veo que es real lo que muchas chicas comentan, es posible quedarse a la primera. Al menos, en mi caso, concebir no es complicado, lo difícil es que se mantenga y prospere, pero tengo muy buenas vibraciones.

En mis embarazos anteriores ha habido un sentimiento imperante durante las primeras semanas tras ver el positivo en la prueba: el miedo. La primera vez; miedo por no saber dónde me metía, la segunda; miedo por volver a pasar por un aborto y la tercera; por no sentirme preparada para afrontar la bimaternidad. Pero ahora es diferente. Me siento segura, tranquila y con mucha confianza.

Probablemente, éste sea mi último embarazo y quiero vivirlo de forma consciente y plena, quiero que sea maravilloso, sin prisas, sin temores, sólo disfrutar de él. Me he propuesto tener un embarazo zen y por el momento lo voy consiguiendo. Seguir leyendo “Aumentando la familia”

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¿En busca de un nuevo bebé?

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Imagen: Shatyatripodi. Pixabay

Es curioso, no sé por qué motivo cuando una está embarazada parece que el tiempo no pasara. En mi caso, estaba siempre deseando que llegara una nueva etapa, cumplir las 12 semanas para poder contar a todo el mundo que estaba esperando un bebé, que llegara la semana 20 para poder comprobar que todo iba genial en la ecografía morfológica, llegar al final del segundo trimestre para que la barriga dejara de parecer fruto de un atracón en el Mc Donald y se notara de verdad que estaba encinta y, cuando se va a cercando la FPP, deseando parir porque ya no podía con mi alma, el peso, el calor, los calambres… y también, para ser franca, por temor a que me indujeran el parto.

Pero cuando ya has pasado todo eso, cuando tienes a tu niño en brazos y te preguntas en qué momento te pareció una idea buena el embarazo (no por convertirte en madre, sino por la parte mala que acarrea: estrías, barriga flácida tras el parto, pezones hipersensibles, manchas en la cara, náuseas y otras lindezas), puede que de golpe se te quiten las ganas de volver a pasar por lo mismo…, bueno, hasta que el bebé va rondando el año.

No sé por qué extraña razón, muchísimas parejas se plantean ampliar familia cuando su primer hijo ronda los 12 meses. Es como si existiera una regla no escrita que dijera que los hermanos deben llevarse dos años. Seguir leyendo “¿En busca de un nuevo bebé?”