maternidad

El embarazo con un niño de alta demanda

Lo sé. Hace mucho tiempo que no escribo y debería “obligarme” más a ello, porque me sirve de terapia, siento que lo necesito y me ayuda, por lo menos, a desahogarme, a ver las cosas con perspectiva, a analizar y ver con algo más de claridad.

Ya he cumplido la mitad del embarazo y se me ha pasado en un abrir y cerrar de ojos. Si no llega a ser por las molestias del primer trimestre y un leve sangrado en la semana 19, casi ni hubiera reparado en que hay un ser creciendo dentro de mí.

Es increíble, hay una diferencia abismal entre el segundo y este cuarto embarazo (son los dos ‘a término’, pues he tenido otros dos abortos espontáneos y no me gusta mucho calificar a éste como el segundo, porque sería como negar la existencia de otros dos hijos que ya no están). En fin, que no tienen nada que ver. En el de mi hijo recuerdo hacer larguísimas siestas, estar tirada en el sofá descansando todo lo que podía, leyendo revistas, libros, foros…, pensando en cómo sería, diseñando su habitación, escuchando los latidos con el duppler en casa… ¿Y ahora? Me olvido de que estoy embarazada. A veces he llegado a pensar que las náuseas, la ciática, el sangrado y demás molestias son una clara llamada de atención, un: ¡oye, que estoy aquí, hazme caso!

Ni pilates, ni cremas, ni cuidar la alimentación, ni ir a caminar… Un auténtico desastre. No sé cómo será para el resto de las mortales la espera de un segundo bebé, pero yo siento que se me van las semanas, los meses… y no tengo ni fotos de  la barriga. Se me pasa el embarazo y no me entero. Eso me da mucha pena, siento tristeza, que no le estoy dedicando nada de tiempo a mi hija. Yo que quería tener un embarazo zen, poder conectarme con ella, hacer un playlist para escuchar a diario, poner en el momento del parto y durante sus primeros días en casa, hablarle…pero hasta el momento no ha sido posible.

Reconozco que no estaba preparada para lo que me vino con la llegada del mayor. No estaba preparada para tener un niño de alta demanda. Bueno, rectifico, sigo sin estar prepada. Muchas veces me he preguntado por qué nadie te dice que este tipo de niños existe, por qué todo el mundo dice que los bebés sólo lloran por hambre o por sueño, que a los pocos meses duermen del tirón y patatín y patatán. Luego llego a la conclusión de que la mayoría de los niños que conozco son así. En mi familia más cercana, mi hijo es el único con las características de alta demanda. Mi sobrino es un bebé iguana, desde que nació (tiene algo más de un año), lo habré escuchado llorar en dos ocasiones, y no más de 1 minuto (chupete mediante, también es cierto). Y el sobrino de mi marido es el niño Nenuco, el que todo padre querría tener. No llora, está mucho tiempo despierto pero tranquilo, lo dejas en su minicuna y se queda dormido solo, no reclama atención, y a los 6 meses empezó a dormir hasta 9 horas del tirón. Son niños que se quedan tan panchos en sus carritos, que ven la vida pasar. El mío es lo contrario. Infinidad de veces me he preguntado qué estoy haciendo mal, me siento una pésima madre, desbordada, desquiciada… Agradezco tantísimo a los blogueros que cuentan sus casos con niños de alta demanda que compartan esas historias… No, no me hacen ver la luz al final del túnel, pero me hacen sentir acompañada, me hacen sentir que no soy culpable de su carácter, que no es que lo estemos haciendo fatal, sino que nuestros niños tienen unas necesidades mayores.

Me habría encantado poder leer estos blogs antes de la llegada de mi hijo, haber ido haciéndome a la idea de que podía ser así, tener herramientas para sobrellevarlo y que no me viniera el sentimiento de culpabilidad o desesperación cuando veía que quería mamar cada hora y media, cuando no podía alejarlo de mi cuerpo sin temor a que se despertara llorando a los 40 segundos, cuando llevarlo atado en la silla del coche significaba escuchar un llanto desgarrador durante todo el trayecto. Si hubiera conocido antes el término “alta demanda” antes, las cosas habrían sido diferentes… Pero, bueno, al final han sido como han sido, no hay marcha atrás, y seguimos intentando sobrevivir a los terribles 2 años, solos, más cansados, sin dormir bien, sin comer bien… con lo que ello implica (menos paciencia y sentimientos a flor de piel), pero leyendo mucho e intentando comprenderle y acompañarle en la medida de nuestras posibilidades, a pesar de las críticas y de no tener a nadie alrededor que comprenda que esto entra dentro de la normalidad.

Si a ti también te pasa, si tienes un niño que se sale del habitual modelo de bebé, que es intenso a más no poder, hipersensible, empático, despierto, inquieto, demandante, absorbente…, te animo a que visites los enlaces que te adjunto a continuación. A mí me están ayudando mucho, la verdad, hacen que no me sienta tan sola.

Crianza de alta demanda

Un papá en prácticas

 

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