maternidad

Sin conexión con mi bebé

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Pixabay

Sé que lo que voy a contarte no es algo que puedas encontrar agradable de leer o, quizás, ni siquiera es usual en otros blogs pero, como con este espacio pretendo ser lo más sincera posible, allá va: He estado mucho tiempo sin sentirme conectada a mi bebé. Y quien dice mucho tiempo dice más de 18 meses, es decir, más de año y medio sin estar en sintonía con él.

Con esto no quiero decir que haya estado todo ese período sin quererlo o sintiéndolo como un extraño o un “estorbo”, no, a lo que me refiero es a que no me he dejado fluir y no he conseguido mantener una buena relación con él, sosegada, tranquila, 100% de amor.

Después de pensar y reflexionar, he llegado a la conclusión de que lo que me impedía disfrutar de él, como veía que hacían otras madres, era mi obsesión en que todo fuera perfecto. 

Cuando me quedé embarazada, era de las que no se planteaban mucho la forma de crianza que iba a llevar a cabo. Sí, sabía que no quería repetir los errores que mis padres cometieron conmigo (gritos, amenazas, golpes, etc.), pero nada más. Luego empecé a tener información sobre la crianza con apego, a leer libros de Carlos González, Rosa Jové, María Montessori… y mis ideas dieron un vuelco tremendo. Empecé a preocuparme muchísimo sobre cómo serían los primeros meses de vida de mi hijo, los primeros años que son tan importantes para la formación de la personalidad…, y todo ello acabó por llevarme a una especie de obsesión que me dañaba. 

Procuraba hacer todo lo que me decían los libros, blogs y artículos que leía al respecto, sobre lactancia, colecho, psicología, respeto a su nivel de desarrollo e intereses…, y si veía que cometía algún fallo o me salía de lo establecido, me enfadaba conmigo misma; me venía abajo y pensaba que nada de lo que hacía estaba bien, que nada servía o que yo no valía para esto.

Me metí en la cabeza que tenía que hacer punto por punto lo que leía. ¿Sabes esos blogs o artículos que se titulan “5 trucos para…” o “Las 10 cosas que debes hacer para que tu hijo…”? Pues me los metía a fuego en la cabeza y sentía que si no era capaz de llevar todo eso a rajatabla, era una mala madre, vamos, que lo estaba haciendo fatal. Además, empecé a comparar a mi hijo con los demás. “¿Si Fulanito hace esto con 2 meses menos, por qué mi hijo no? ¿Será que no lo estoy estimulando como es debido?” “Vaya, la hija de Menganita ya dice algunas palabras, pero mi niño no, ¿qué estoy haciendo mal?” Y así siempre.

Esto me llevó a no ver a mi hijo como realmente es, a exigirle (de manera inconsciente) más de lo que podía dar en ese momento y, lo que es peor, a no disfrutar de su compañía y de sus progresos. Me centré tanto en cuáles eran las cosas que “debía” hacer y en qué forma “tenía” que hacerlo, que olvidé que estaba siendo copartícipe de un momento único; la llegada al mundo de mi bebé y nuestro descubrimiento. 

He elegido una forma de crianza bastante complicada, lo sé, crianza con apego, colecho, lactancia materna a demanda, pañales de tela, BLW, filosofía Montessori en el hogar… y todo ello sin ayuda de familiares ni guarderías, vamos, sola con mi pareja. Ha sido un “trabajo” de babysitter 24 horas al día, sola. Y me gusta remarcar lo de “sola” porque es bastante jodido no poder dejar al niño unas horas con alguien para tomar el aire, para calmarme cuando lo necesito, para meditar o para hacer vida de pareja, vamos, para sentirme ser humano aparte de madre. Ha sido una etapa muy agobiante, en la que he necesitado desconectar de mi hijo en muchas ocasiones, porque veía que estar dando teta 15 horas al día podía conmigo, porque despertarme cada 2 ó 3 horas por la noche para dar pecho hacía que no descansara bien, porque ver que un ser depende casi exclusivamente de mí me agotaba psicológicamente y, a todo eso, sumándole mi malestar por no ser una madre ejemplar con un hijo ejemplar.

Pero eso se está acabando. Por fin, tras casi dos años (que se dice pronto) estoy viendo la luz. Sigo sin llevar a mi niño a guardería y sin contar con más ayuda que con la de mi chico, pero ha habido algo que me ha hecho darme cuenta de que no podía continuar así. La primera experiencia que me hizo abrir los ojos fue un aborto espontáneo que sufrí hace unos meses, cuando mi pequeño acababa de cumplir el año. (Ya te hablaré de ello en otro post). Eso me hizo pensar: “Oye, ¿cómo pretendes tener un segundo hijo cuando ni siquiera has aprendido a disfrutar del que ya tienes? ¿Por qué no aprovechas el tiempo que pasas con tu niño? No busques otro cuando aún no le has dado toda la atención necesaria al primero” ¿Duro, no? Para mí lo es.

Y la segunda cosa que ya me ha hecho reaccionar ha sido la lectura de un libro maravilloso titulado ‘Lo que hacen las madres. Especialmente cuando parece que no hacen nada’, de Naomi Stadlen. Di con él por casualidad, estaba en la estantería de libros para padres en una biblioteca cercana, y me llamó la atención. ¡Bendito día! Gracias a él pude ver lo que me estaba pasando. Gracias a él me di cuenta de que lo que me pasaba era algo que, por desgracia, le ocurre a muchas mujeres, que pensamos que por quedarnos en casa no estamos haciendo nada, que no somos productivas. Se nos cae la casa encima porque no tenemos a nadie que nos eche una mano, ya no sólo en el cuidado del niño o del hogar, sino en lo psicológico. Porque somos mujeres del siglo XXI sin tribu ni experiencia en el cuidado de bebés y a las que se les exige ser perfectamente competente en todo: perfectas novias o esposas, perfectas amas de casa, perfectas trabajadoras, perfectas madres…

Y ahora me da pena haber perdido tanto tiempo y haberme exigido tanto. Porque no había nadie examinándome en cada momento (aunque yo lo sintiera así) y, aunque lo haya, ¿qué más da? ¿A quién le importa si doy pecho o biberón? ¿A quién le importa si mi hijo duerme en una cuna o en mi cama? ¿A quién le importa si mi hijo limpia la mesa después de comer o lo hago yo? El sentirme presionada y cuestionada me ha hecho perder un tiempo valiosísimo con mi niño. Sí, he estado a su lado todo el rato, pero ausente, queriendo “escapar”, deseando que se durmiera para poder sentirme un poco “libre”, comparándolo sin parar con otros niños y centrándome en lo que no era capaz de hacer aún.

Pero ya eso se acabó. Bueno, va en proceso de acabar, porque cambiar del todo el chip lleva su proceso, pero ya voy viendo resultados. Ahora mi hijo y yo nos reímos mucho más, jugamos mucho más y estamos más a gusto. Ya no hay tantos llantos, ya no me siento tan desbordada, todo fluye mucho mejor.

En cuanto a los libros de los autores anteriormente mencionados, los recomiendo. No significa que porque yo me haya tatuado a fuego sus indicaciones y me haya ido así de mal significa que sean malos libros, al contrario, son muy buenos, lo que pasa es que yo me autoflagelaba si no cumplía todo al pie de la letra. Están muy bien como guía, pero si no cometes el mismo error que yo. Cada familia es diferente, cada niño es único, cada madre cuenta con los recursos que tiene… No podemos ser cuadriculados y actuar como quieren los demás. Debemos ser nosotros mismos. Velar por lo mejor para nuestros niños, por supuesto, pero permitiéndonos fluir y hacer caso de nuestro instinto.

Ahora, de lo que sí huyo es de los artículos con decálogos de cómo ser buena madre, cómo estimular al bebé, cómo hacer esto o lo otro con nuestros hijos porque, al fin y al cabo, ¿quién conoce a nuestros niños mejor que nosotras? por no mencionar que la mayoría de estos artículos o posts están escritos por madres que hablan de su propia experiencia (es decir, puesto en práctica con uno o dos niños) o hacen un recopilado de lo que van leyendo en diferentes libros o webs. ¿Esto las convierten en expertas? No. Así que mejor dejar los decálogos y listados estrictos para otros, que en mí sólo consiguen que sienta que las demás son perfectas y yo una mierda pinchada en un palo.

Conclusión: déjate llevar y disfruta de tu hijo día a día, sin más, porque son momentos que no se van a poder recuperar. Nadie te está haciendo un examen. Cuando nos convertimos en madres es verdad que observamos lo que hacen las demás, a veces nos parecerá que hacen las cosas mal (lo que nos reconforta) y otras que lo hacen genial (lo que nos entristece si pensamos que no somos capaces de hacerlo igual) pero, ¿no sería mejor centrarnos en lo que sentimos nosotros y en lo que vivimos con nuestros hijos y ya está? Yo estoy en proceso y la mar de contenta, la verdad. Ojalá hubiera pensado todo esto antes, no habría “malgastado” casi dos años pero, bueno, sé que de ahora en adelante todo va a ser distinto y muchísimo mejor. He recuperado un niño pero, lo que es más importante, mi hijo ha recuperado a una madre. ¡Qué triste pensar que haya estado sin ella tanto tiempo!

Si estás de acuerdo con esta reflexión, por favor, me gustaría conocer tu opinión. Si no lo estás, también. Me interesa conocer otros puntos de vista. Y si te ha gustado y crees que puede interesarle o ayudar a otras personas, por favor, compártela. ¡Gracias!

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10 comentarios sobre “Sin conexión con mi bebé

  1. Genial artículo. Gracias por tu sinceridad. Me parece fundamental lo que dices. Escucharse a una misma y seguir nuestra intuición sin dejarnos afectar por lo creemos que los demás puedan pensar o nos digan directamente. Eso es la llave para poder disfrutar de algo tan duro y demandante a todos los niveles como es la crianza. Y lo de la tribu, yo me estoy dando cuenta ahora, con un hijo de once y otro de tres, de que es necesaria la red de la que hablan muchos autores, entre ellos Laura Gutman, y reconociendo que me siento súper sola en ese aspecto. Todo el mundo está muy ocupado y corriendo y falta mucho contacto y relación. Tiempo de calidad sin tiempo. No me extraña que haya tanto problema de piel.

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    1. Es cierto, Paula. Actualmente vivimos en un mundo cada vez más pequeño en cuanto a distancia, en el que nos mantenemos en constante conexión con cientos de personas a través de las nuevas tecnologías pero que, sin embargo, nos hace estar cada vez más aislados. Solas, en nuestras pequeñas casas, encerradas, sin el apoyo físico, el real, de otras personas que puedan darte un abrazo cuando lo necesites, que te echen una mano durante esos 5 minutillos en los que necesitas tomar el aire para calmarte y volver con energías renovadas, que te mire a los ojos y te escuche… En ese sentido, creo que nuestras abuelas fueron unas privilegiadas. Ahora leemos cientos y cientos de libros, foros o páginas webs para intentar saber qué le ocurre a nuestros hijos, como si fuera un Máster universitario a distancia.., cuando lo que necesitamos son profesoras de carne y hueso que nos ayuden y guíen.
      Por cierto, no conozco a Laura Gutman, pero ahora que la citas, buscaré sobre ella.
      Un abrazo enorme y gracias por unirte a la tribu:)

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  2. Quieren k seamos perfectas en todo un niño viene sin libro de instrucciones no somos perfectas por muchos libros k asesoren sólo somos madres y a nuestra manera perfectas

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    1. Es así, Angeles. Recibimos demasiada presión y creo que nos faltan referencias físicas, reales, como antaño. Hacemos lo que podemos y estaría bien que supiéramos perdonarnos cuando nos equivocamos o no lo hacemos todo lo bien que podríamos. Muchas gracias por tu comentario 🙂

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    1. Sí, claro que veremos los frutos. Supongo que ahora se hace todo cuesta arriba y que en un futuro recordaremos ésto como algo duro, pero con la satisfacción de saber que sirvió para algo. Un abrazo fuerte!

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  3. Aveces es. Tan desesperante todo que no disfrutamos de lo que realmente importa que son nuestros bebes lo queremos llevar todo por delante y ser madres perfectas pero es que la perfección no existe! mi bebé ahora tienes 9 meses y he tenido la suerte de poder cojerme una excedencia de 6 meses y podré disfrutar de mi bebé hasta que tenga un año, si e tenido suerte por que muchas madres no pueden hacerlo pero aveces necesitas un respiro, tiempo para ti sola para reflexionar o simplemente comer sola tranquila sin que te interrumpan cada momento solamente por pensar eso creo que no soy una mala madre, somos humanos ante todo y estar 24 horas al día cuidando a un bebé es agotador sii pero cada beso cada sonrisa que te dedica hace que se te olvide todo lo demás , un saludo!!

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